Siguen pidiendo por la reapertura de una sala de primeros auxilios de Ciudad Evita

La salud, en jaque

Por: Nora Adámoli
Nova.periodismo@gmail.com

Según manifestaron los vecinos a NCO, el centro de atención primaria no funciona por los innumerables hechos delictivos que suceden en la zona, además de la falta de personal y de recursos para brindar asistencia.

Si bien son problemas disímiles, están íntimamente relacionados: la ola de inseguridad que afecta a los vecinos de Ciudad Evita no permite que el único centro de salud que hay en la zona funcione como es debido.

“A esto se suma la construcción del nuevo hospital, por lo que los médicos se van de aquí. Sabemos que el cierre será definitivo”, comentó Ana María, una de las habitantes de la zona que sufrió las consecuencias de la situación cuando necesitó asistencia inmediata para su hija.

“Yo estoy cerca de la Gendarmería. Antes por lo menos teníamos el centro de salud de Ezeiza que no está en el mismo lugar. No tenemos un lugar para ir y atendernos, al margen de que no hay ambulancias a las que uno pueda llamar para que nos socorra. Hace unos años tuve un problema con mi hija, que sufrió un derrame cerebral, la operaron y cuando llegamos a casa tuvo convulsiones. Llamamos a un médico de la salita y no quiso venir por miedo a que lo asalten”, contó.

De este modo, dijo que no existe otro lugar de atención primaria para ser atendidos y que en caso de necesitar una ayuda inmediata, como le sucedió, los vecinos tienen que dirigirse al hospital Diego Paroissien de Isidro Casanova o al Policlínico de San Justo.

Ana María agregó que a medida que pasaron los años, la situación del barrio cambió drásticamente. “La gente se manifiesta, reclama, aunque no le dan mucha bolilla. En su momento pensamos en formar un grupo y conseguir socios de la sala, pero no nos prestaron atención. En La Matanza está complicado, hay zonas en las que se vive muy mal y hay otras en las que se vive muy bien. Aquí está duro, nadie te da siquiera lo elemental como es la sala de primeros auxilios y los Bomberos Voluntarios, que tampoco tenemos”, mencionó.

Otra cuestión preocupante para los frentistas tiene que ver con las calles, las cuales están extremadamente rotas debido al constante tránsito que ahora hay en la zona. “Estamos muy cerca del colegio Etchegaray. Las cuadras que lo rodean están llenas de pozos. Por aquí pasan muchos colectivos, lo que provoca el deterioro del asfalto, que obviamente no está preparado para soportar tanto peso como el que ahora tiene que soportar, con esa continuidad de tráfico durante todo el día. Son muchos baches, se fue hundiendo el pavimento que en su momento, como está la Gendarmería y la Policía, creemos que en su momento fue un barrio cerrado o algo por el estilo”, comentó.

Al respecto, explicó que actualmente son tres las líneas de colectivos, además de los camiones, los que circulan por estas calles. “El asfalto no está preparado para aguantar vehículos que tienen tanto peso y que transitan tan repetidamente”.

Lógicamente, el estado de las principales vías del barrio termina beneficiando a la inseguridad ya que los conductores deben reducir su velocidad y de ese modo se producen los atracos.

Preocupada, la mujer reflexionó: “Es una lástima que este barrio tan lindo se encuentre abandonado de esta forma. Yo vine a vivir aquí hace 15 años y era un lugar muy tranquilo. Mis hijos se criaron aquí, podían salir a la noche sin problemas, pero ya no es lo mismo.

Se complicó mucho en todos lados y cada vez es peor. Se matan los pibes y nos matan a nosotros por no tener un peso. No tenemos posibilidad de defensa. ¿Qué les vamos a decir? Uno no sabe cómo pueden reaccionar, si tienen un arma o si nos van a pegar una trompada, es un problema”, admitió. “Esto es tremendo. Constantemente se ven chicos en la calle con botellas de cerveza y droga. Es un lugar abandonado y la situación es brava”.

Por último, remarcó que salir del barrio también resulta un problema: “Si bien, donde vivimos las luces de mercurio funcionan correctamente, yendo hacia Gregorio de Laferrere, sobre la Ruta 21, todo se vuelve oscuro y es una boca de lobo”.

También en Ciudad Evita

Así quedaron los pastizales tras el incendio.

Otra de las vecinas, comentó a este medio que los pastizales del predio Sadop fueron pendidos fuego, lo que afectó a los árboles que fueron plantados recientemente. “Esto sucedió el sábado pasado. Pasto con falta de corte, seco, basura y ramas arrojadas por algunos vecinos irresponsables, fueron prendidos fuego y luego vino el desastre. Varios árboles que fueron plantados por los vecinos terminaron quemados. Quiero dar las gracias a quienes intentaron apagar el incendio, junto con los bomberos. Basta de basura en los espacios verdes de nuestra ciudad”, dijo.

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