El Teatro La Tapera cumplió seis años generando Cultura en Gregorio de Laferrere

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Teatro La Tapera. “Construí esta casa para honrar la palabra”. Como reza en una de las paredes externas del teatro, hace seis años que La Tapera, bajo la dirección de Gino Bencivenga, viene honrando la palabra.

¡Por eso peregrino, si vas por esa casa tené presente que allí se honra la palabra! El 27 de noviembre ese fogón cultural, con sede en lo profundo de La Matanza, festejó su cumpleaños con una importante concurrencia de amigos, trabajadores de la cultura  y vecinos, con exposición de cuadros, esculturas, máscaras y como no podía ser de otro modo, con la puesta en escena de tres obras breves por parte del taller infantil de La Tapera Teatro: “Los Sordos” de Conrado Nalé Roxlo; “Si tengo suerte” y “La que sigue” de Griselda Gámbaro.

Por: Emilio González Larrea

lapaz50@yahoo.com.ar

Bajo la palta y en medio de la huerta del teatro hablamos con Gino sobre estos seis años de la Casa Cultural de este actor, director y amigo…

-La Tapera cumple 6 años. ¿Cómo llega el teatro a este nuevo aniversario?

-Cumplimos seis años de trabajo con las personas, con los acontecimientos culturales de los poetas, de los artistas plásticos, de las reuniones literarias, de talleres de teatro y cine, muestras de pintura, títeres, presentaciones de libros, o sea que vamos concretando en la realidad proyectos que teníamos cuando construimos esta casa de “la palabra” que es La Tapera. El espacio se ha convertido en una casa cultural generadora de diversas actividades culturales, no solo teatrales. Hemos logrado que en un lugar apartado del centro urbano, en un barrio y en el “barro”, lograr que la gente pudiera acceder, tantos adultos como chicos, a una especialización como es el teatro y otras disciplinas artísticas.

-Fue una patriada abrir un teatro aquí. ¿Cómo es hoy la relación con el barrio?

-Los testimonios que recogemos son muy positivos; por ejemplo, chicos que andaban mal en la escuela, al tener una disciplina de ejercicio de improvisación, de memorización, han mejorado notablemente en los estudios. Acá escuchan música, hacen coreografías de baile, aprenden a no discriminar ninguna disciplina artística, a veces existen prejuicios en las clases populares como es el caso de la danza clásica. Logramos destrabar cosas que la gente común lo tiene como un “chascarrillo” como podría ser que si hacés teatro sos “rarito”. Creo que nos hemos insertado en el barrio, el barrio reconoce “su teatro”.

-La Tapera es un teatro independiente, autogestivo, ¿qué creés que deberían hacer las autoridades culturales para potenciar el teatro independiente en el distrito?

-Entiendo que tiene que haber por parte del Municipio un subsidio para los espacios culturales, ya que sin fines de lucro estamos realizando actividades culturales que enriquecen el patrimonio cultural del partido. Tendríamos que recibir ayuda para nuestro sostenimiento, para sobrevivir, para ayudar a que no se caiga una actividad que trabaja con pasión desde lo cultural, que hace a la transformación del país y además que la gente tome conciencia políticamente, que las cosas se tienen que realizar con el aporte de la voluntad de cada uno. Nosotros desde este humilde lugar, en un barrio en lo profundo de La Matanza, trabajamos para modificar ciertas pautas de la realidad. No recibimos ningún subsidio de las instituciones afines a la cultura.

-Hay varios teatros independientes en nuestro distrito, ¿por qué es tan difícil generar iniciativas comunes que ayuden a potenciar el teatro independiente, estoy pensando en festivales o redes de actuación, por ejemplo…

-Porque se dan distintos niveles de disciplinas, distintas niveles de personalidades de quienes están al frente, cada “tribu” tiene su cabeza o jefe y cuesta allegarse para interactuar. Yo noto cierto sectarismo en algunos grupos. Pero al margen de esta cuestión, lo importante es que cada uno en su comunidad, genere pautas culturales que la enriquezcan. Y si el otro no se quiere acercar para vincularse a uno, qué le vamos hacer.

-Algunos no pisan nunca el barro,  ¿se sienten discriminados?

-En nuestro caso estamos discriminados por algunos porque estamos lejos y me pregunto ¿lejos de dónde?, yo viajo a Capital, a determinados espacios, viajo varias horas a leer poesía. Acá también podrían venir, sentarse a una mesa y leer un poema. Claro, estamos en un barrio de Laferrere. Somos víctimas de prejuicios que a veces nosotros mismos alimentamos. Hay que abrir la cabeza del Goliat que está de la General Paz hacia la Capital, para enriquecer y escuchar las voces culturales del conurbano. En ese sentido veo mucha comodidad en los nombres consagrados; sentarse en unas butacas, pedir un café, creerse que están en Paris y nunca pisar el barro. Me hace cosquilla -ideológicamente hablando- esa actitud mezquina.

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