Microficción: “Reincidente” Por: Sergio Fitte (*)

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Microficción. Mi hija llora de hambre. No sé qué hacer. Tengo miedo. Lo único que se me ocurre es empezar a caminar más rápido para llegar a casa. Eso no mejora las cosas. El traqueteo le molesta y se pone rabiosa. Llora a los gritos y está roja.

La gente me mira de reojo. Me revientan sus ojos pensando que soy una mala madre. Pero sigo teniendo miedo y continúo con mi caminata. Preferiría no volver a tener problemas.

Algo me hace desviar del recorrido habitual. Quizás sea un acto inconsciente. Seguramente debe serlo porque sin pensarlo mucho me encuentro en las callecitas de la zona roja. En la de los travestis para más detalles. Mi sentido animal de supervivencia me llevó a un lugar en el que pueda pasar desapercibida. Me paro en una esquina al lado de tres chicas grandotas, altas, vestidas solo con una pollerita. Por el movimiento de la entrepierna se nota a la legua que no tienen bombacha o calzoncillo. Miro para los dos lados. Nos estudiamos. Cuando la nena ve tanta teta junta para de llorar. Pobre, se le debía hacer agua la boca.

Qué hermosa nenita, dice la más pechugona, qué tiempo tiene. Diez meses le digo y le sonrío. Le puedo dar un beso, me encantan los bebés. Antes de que le conteste se agacha y la besa. La nena ya tenía la boca abierta. Ahora vuelve a llorar, no sé si le raspó la barba o que le pusieran tan cerca la comida y luego se la sacaran fue lo que la volvió a embroncar. Tomo aire dos veces. Sin pensarlo decido pelar mi teta larga y finita llena de leche. Mía la chupa con furia, pero sigue mirando las de los travestis que se bambolean de un lado para el otro. La penumbra de la tarde se ve interrumpida por un haz de luz azul que primero nos encandila y una vez que el móvil vuelve a enderezar el rumbo nos llama la atención.

No pasa nada dice la pechugona, es Robledo. El policía deja el vehículo en marcha y junto a su compañero se nos acercan. No saludan. Tengo uno delante y otro detrás de mí. Señora nos va a tener que acompañar. Usted es reincidente si no me equivoco. Asquerosa de mierda. Tendrá que brindarnos muchas explicaciones. Nos metemos al auto mientras las travestis me despiden con cara de perdón ¿Puedo seguir dándole de mamar a mi nena? No, no puede. Dentro del patrullero Mía vuelve a llorar con todas sus fuerzas. Pero es al pedo, allí dentro nadie la escucha.

(*) El autor: Sergio Fitte (Chillar, Bs. As., 1975) Radicado actualmente en la ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires. Dirigió talleres literarios en La Plata y en las Unidades Penitenciarias de Gorina y Magdalena mientras vivió en la capital provincial. Es autor de los siguientes libros publicados: “Señor Canario” (La Quimera Ediciones 2001); “A no chillar” (Editorial Corregidor 2003, Libro destacado por Gabriel Bañez en el suplemento literario del diario El Día de La Plata); “Dios con lapicera” (Editorial Corregidor 2005, Prólogo de Esteban López Brusa); Proyecto de difusión (Editorial Simurg 2006); “Prostíbulo” (Editorial Simurg 2009); Institucionalizaciones (Ediciones El Broche, La Plata 2012) y “Desahogo” (Prosa Editores, 2016).

+ Microficción seleccionada por Luciano Doti (Lomas del Mirador). Twitter: @Luciano_Doti.

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