San Justo: Susana cumplió un mes de huelga de hambre en el acampe contra Klaukol

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Klaukol. Pese a que su salud está deteriorada, Susana Aranda anunció que, aunque desde el municipio lo nieguen seguirá con la protesta hasta que cierren la fábrica que según los vecinos envenena desde hace años el barrio Las Mercedes de la localidad de Virrey del Pino. “Fue un apriete”, reveló la mujer sobre la reunión que mantuvo con funcionarios locales y provinciales.

Por: Valeria Virginia Villanueva

villanueva.valeriavirginia@gmail.com

“Voy a seguir hasta las últimas consecuencias porque no tengo otra, yo sé que estoy envenenada -sostuvo Susana Aranda con 30 días de huelga de hambre, insuficiencia renal, 20 kilos menos y problemas de presión encima-. “Susana no importa, acá importan los chicos de mi barrio, ¿qué futuro pueden tener con 5 metales pesados en sangre? Es sólo cuestión de tiempo”, señaló.

Pese a numerosas intimidaciones y ataques, la mujer desde hace 7 años encabeza las denuncias por envenenamiento contra la planta de Parex-Klaukol ubicada en el barrio Las Mercedes, de Virrey del Pino. Por ello permanece en el acampe en la plaza Gral. San Martín de San Justo frente al Palacio Municipal, acompañada de militantes sociales.  En tanto, en simultáneo, otros vecinos continúan el acampe frente a la fábrica, desde el 30 de octubre pasado. “Nadie se hubiera enterado que eso pasa ahí si no traíamos el acampe acá también”, consideró.

“Yo no necesito que Magario me visite, sino que haga cumplir la ley y yo me voy para mi casa”, señaló Susana al referirse a la principal solicitud: que impidan la actividad industrial de la factoría hasta que el Estado compruebe una vez más la presencia de grave contaminación en aire y agua y sus consecuencias -estudios previos confirman la presencia de metales pesados en la sangre de todos los niños del barrio, como así enfermedades dérmicas, respiratorias y muertes relacionadas a ello-. A partir de allí, que la empresa se adecue a las normas para proteger la salud de habitantes y trabajadores de la planta.

El “apriete” del gobierno y el silencio

“Acá solamente les molesta que si a mí me llega a pasar algo, que podamos salpicar su gestión”, concluyó la mujer que fue obligada a ingerir pilas en septiembre en un ataque de un par de sicarios que la increparon para que deje de denunciar la problemática. Es que hasta el momento, de parte de la intendencia municipal y del gobierno bonaerense no obtuvieron otra respuesta que indiferencia y negación de su reclamo. Incluso afirman que se prohíbe hablar de la cuestión en instituciones públicas de La Matanza, y en los medios masivos también hay censura debido a los intereses de la empresa en ellos.

“Fue más bien una audiencia de apriete, no nos dejaron ni hablar, fue un despliegue para demostrar poder y que están controlando”, contó acerca de la reunión que mantuvieron el lunes 21 en el Juzgado de Morón, con un representante del municipio matancero y miembros del OPDS (Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible), quienes apenas resolvieron que van reiterar relevamientos sanitarios en la zona lindante a Klaukol.

“Reclamamos aire, no agua, respiramos veneno”, respondió a los dichos televisivos de Magario que denigraron la problemática sanitaria. “tienen que ir a verlo, estos días están trabajando con todo, las 24 horas, no se puede ni abrir la ventana que te pica todo, a los chicos les sangra la nariz”.

Presente y futuro fatales

“Ella perdió un chiquito de 5 años por leucemia, su otra hija tiene metales pesados en sangre. No sabemos cuál va a ser el desenlace, lloramos en silencio”, señaló Susana a una vecina que la acompaña en el acampe, quien relató acerca de su hijo: “Lo interné por una neumonía, hace 8 años, y de repente le descubrieron una leucemia que en meses se lo llevó”.

“Somos rehenes de todo eso y encima les pagamos el sueldo”

Ella vio a otro vecino morir. “Un día empezó con dolores, le diagnosticaron cáncer, esperó 1 año y medio una quimioterapia que nunca llegó. Pedía la eutanasia. Falleció a los 58 años, pidiéndome que no claudique”, rememoró.

Otro de los problemas que afectan la calidad de vida y su futuro es la precarización laboral de los habitantes afectados en su salud: “no pueden tener trabajo en blanco, no pasan la ART por tener metales pesados, entonces salen las mamás a trabajar”. En todos los casos, se trata de actividades en negro, mal remuneradas y que desencadenan en otros problemas familiares, económicos, sociales.

“Es doloroso. No sé en qué fallamos como sociedad para que estén en el poder y nos ignoren”, se preguntó y solicitó “que los jóvenes no claudiquen”.

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