Diego Peretti y Florencia Peña son los protagonistas, acompañados por Rafael Ferro y Julieta Vallina, de la comedia del cineasta catalán Cesc Gay, dirigida por Javier Daulte, sobre el choque de dos parejas que comparten un mismo edificio pero tienen distintas visiones sobre la vida y el sexo, estrenada en el porteño teatro Metropolitan.

Todo comienza cuando la primera pareja se prepara para una visita de cortesía de la segunda, con discusiones sobre la oportunidad del encuentro, porque ella (Peña) es un ama de casa bastante contemporizadora y él (Peretti), profesor de piano en un instituto, es un neurótico difícil de contentar cuya mayor satisfacción es subir a la terraza para observar estrellas con un telescopio.

Es poco afectiva la relación entre ambos, incluso porque suelen irse a la cama en horarios disímiles, y los diálogos entre sí están llenos de reproches -sobre la utilización de los tiempos verbales, por ejemplo- y la llegada de los visitantes no se da en el mejor momento.

El encuentro se produce en un mar de simulaciones por parte de los anfitriones, que antes se habían quejado de molestos ruidos y vibraciones provenientes del piso superior, sin imaginar siquiera las revelaciones que recibirán a continuación.

Al personaje de Peretti no le cae bien de entrada el hombre que llega, con quien pretende competir en ironías y sarcasmos, hasta que la desinhibida pareja declara su condición de “swinger” y las propuestas de un intercambio no se hacen esperar.

Así, el proselitismo de esas costumbres, que incluye descripciones puntuales y explícitas de los gustos de cada cual, conmueve el andamiaje marital de los otros y se supone que nada será igual para ellos a partir de esa noche.

Allí llega el declive de la trama y de la profusión de gags verbales -algunos parecen chistes de una despedida de soltero-, porque la visitante es psicóloga de profesión y toma ese papel para enfrentar a su vecina con su pobre realidad y conducir a los locales a un final abierto.

Dividida en tres previsibles segmentos y un breve epílogo mudo y con el antecedente de haber sido un éxito de público en Madrid y Barcelona, “Los vecinos…” es una de esas obras destinadas a un público medio, desentendido de cuestiones sesudas y dispuesto a festejar, entre el asombro y la actitud de superación, un tema que se sospecha aunque no se conozca.

Como sucede con otros autores hispanos contemporáneos que con un estilo lustroso toman como ejemplo la escena neoyorquina para buscar el éxito de boletería, Gay encuentra un tema en el fondo inofensivo pese a su apariencia, maneja correctamente los diálogos, aquí traducidos al porteño, y logra un producto que no quedará en la memoria.

Cineasta que tuvo su momento de aparente ruptura con títulos como “Krámpack” (2000) y “En la ciudad” (2003), filmó otras cosas y derivó hacia el entretenimiento amable con películas como “Una pistola en cada mano” (2012) y “Truman” (2015), casualmente ambas con el argentino Ricardo Darín.

Como es habitual en casos similares, una pieza como “Los vecinos…” -ubicada en el inevitable living de clase media- es sostenida por la excelencia de los actores locales: Florencia Peña cumple con su abanico de disfrutables rutinas y pasa de la ternura a la perplejidad y a la furia con envidiable oficio y Rafael Ferro divierte y seduce con su singular personaje.

Al mismo tiempo Diego Peretti repite por momentos su personaje de “El placard”, con su conocida voz nasal y la enorme comprensión de su personaje, en tanto Julieta Vallina es un ejemplo de encanto desaforado, sobre todo cuando expresa sin disimulos los más íntimos deseos de su criatura.

Con un cuarteto así, la labor del director Javier Daulte, ya con una década de actividad en la calle Corrientes con textos de diverso interés y consistencia, debe haber sido un trabajo de lo más grato.

“Los vecinos de arriba” se ofrece en el teatro Metropolitan, Corrientes 1343, miércoles, jueves y domingos a las 20, viernes a las 22 y sábados a las 20 y a las 22.

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