Un análisis desde su nacimiento hasta el siglo XXI para entender por qué una de las ciudades más importantes del sur argentino necesita de una refundación tras el temporal.

Comodoro Rivadavia fue fundada en 1901 y desde entonces creció sobre la Costa Atlántica, en una porción del Golfo San Jorge, y se expandió “cíclicamente” en una estrecha franja costera flanqueada por el mar y los cerros, de un relieve irregular.

A partir de 1907, con el descubrimiento del petróleo, Comodoro comenzó con el crecimiento en cuatro momentos de su historia, donde tras más de un siglo se vio colapsada y destruida por un temporal de lluvias en el que se registraron más de 300 milímetros de agua, en ocho días, lo que habitualmente se registró en dos años.

El Cerro Chenque, acompañando al centro de Comodoro:

La radicación de los campamentos al norte del Cerro Chenque marcó una notable separación entre las áreas productivas y el núcleo cívico-administrativo de la ciudad y, sumado a ello, la conformación de la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, a cargo del General Enrique Mosconi, pusoal campamento “Central” como piedra fundacional de Comodoro.

El primer “boom” de crecimiento exponencial se vio reflejado con el nacimiento de los otros campamentos como Cañadón Perdido (1929), Escalante (1931), Caleta Córdova (1933), Restinga Alí (1934), Manantiales Behr (1937), El Trébol (1938), El Tordillo (1939), Puntas Piedras y Sarmiento (1955), del lado estatal, mientras que Astra, Compañía Ferrocarrilera de Petróleo (1923) –luego llamada Petroquímica Comodoro Rivadavia–, Diadema Argentina (1921), con la llegada de Shell Oil Company.

Campamento Central, Av. Tehuelche
Campamento Central, Av. Tehuelche
Estas conformaciones de áreas de trabajo generaron un crecimiento sostenido con afluencia de inmigrantes extranjeros de diversas nacionalidades y migración interna dentro del país, principalmente de la región norteña.

En cuanto a la naturaleza de los asentamientos periféricos al área central, se registra un crecimiento sin mayores planificaciones ni atención a los condicionamientos del medio físico, tales como: topografía irregular, baja aptitud fundacional de rocas y suelos en sectores específicos, procesos de inestabilidad y erosión severa asociados a los faldeos, niveles de agua subterránea próximos a la superficie asociados con procesos de salinización del suelo y anegamiento en sectores bajos, localizados durante precipitaciones torrenciales, según indica el informe “Evaluación Geohidrológica aplicada al desarrollo urbano de la ciudad de Comodoro Rivadavia”, por Néstor Hirtz, Mario Grizinik y André Blachakis, presentado durante el “1° Congreso Mundial de Aguas Subterráneas.

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La segunda expansión y crecimiento de Comodoro fue en los años 1940 al 1950, en donde la ciudad comenzó con el avance de la urbanización y con un plan de construcciones como el Hospital Regional, luego de la ampliación del Hospital Alvear o de YPF en la década del 30, la primera biblioteca y nuevos edificios, ejemplo de que iba tomando fisonomía de un lugar más grande.

En el despertar de la década de 1960 y hasta casi finales del 70, la “Capital Nacional del Petróleo” manifestó un crecimiento de avanzada. Con campamentos conformados como barrios, los años 1958 al 1963 fueron considerados como relevantes, ya que la radicación de empresas contratistas hizo que las inversiones se vean materializadas en obras edilicias, ante lo cual la ciudad se vio rápidamente desbordada por falta de planificación. Sumado a esto, una inédita mensura de 145 hectáreas en la ladera del Cerro Chenque, un lugar que protegía de los fuertes vientos a las zonas bajas del lugar y pasaron a buscar un terreno para una casa.

Finalmente y luego de la privatización de 1991 de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, desde el 2002 y hasta el 2013, Comodoro experimentó un amplio volumen de crecimiento, donde el valor del precio del petróleo mundial, el contexto geopolítico mundial, posibilitó que la ciudad comience a poblarse nuevamente de familias que desde toda Argentina y algunos países se asentaran en la “ciudad del viento”.

Con ello, la sobredimensión y saturación de terrenos hicieron que muchas personas se ubicaran sobre terrenos fiscales, algunos sobre suelos que debajo tenían pozos petroleros abandonados y, ante la intención del gobierno local que buscaba regular un código urbano que no tuvo lugar para el uso de las tierras, la ciudad experimentó un nuevo crecimiento de “ameba” o racimo.

Sumado a eso, viviendas en barrios como Km 8 sobre, en algunos casos, terrenos usurpados, o sobre tierras rellenadas, más la acción de algunos sindicatos que entregaban planes de viviendas en zonas altas y de pendientes predominaron para habitantes que soñaban con su casa y no pensaban en lo que podía pasar con un temporal como el que ocurrió.

Algunos empresarios locales vendieron terrenos en lugares como la zona de “Los Arenales”, a orillas del Arroyo La Mata, que se vio desbordado por las lluvias del mes de abril y dejaron a la vista no solo la falta de planificación, sino que la previsión y el negocio fueran más importantes. Para una ciudad que en 1930 y por los mapas de la época contaba con 25 arroyos con cauces que desembocaban en el mar argentino, sin embargo al momento quedaron 5 y el resto, incluidos zanjones y lagunas como la Laguna Fernández” o “De los Patos”, fueron rellenados, aunque según especialistas “la tierra tiene memoria” y quedó demostrado en los ríos que se formaron y zanjas durante los más de 300 milímetros llovidos.

Hoy Comodoro se enfrenta a un nuevo paradigma, sin el apoyo de YPF, sin la misma actividad incipiente del petróleo y con la imperiosa necesidad de “refundar” la ciudad, tal como lo dijo el intendente Carlos Linares, durante los primeros días del desastre climático, en una “Cuna del Petróleo” que se cuidaba del viento, pero que ahora deberá pensar en obras para no sufrir las inclemencias de la arena y el agua, con planificación y sensatez de gestión política y empresaria.

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