Gregorio de Laferrere. Desde la Sala de Salud Dr. Néstor “Chino” Oliveri-Junta Vecinal 7 de Mayo, que es un proyecto de construcción colectiva, comunitaria y solidaria tanto en su política sanitaria como en sus aspectos edilicios, a través de un comunicado se expresaron en contra de los beneficios anunciados para los genocidas.

“Tomando la Salud como  un bien social, derecho humano de todos, entendemos que toda política de estado, debe generar bienestar y mejorar integralmente nuestra vida, que es la del pueblo mismo.

Por el contrario cuando el estado transforma una parte del pueblo en su enemigo y despliega sobre él el terrorismo de Estado como política, la destrucción y el daño también son integrales.

En la última dictadura “Proceso de Reorganización Nacional”, las FF.AA y civiles asociados al servicio de intereses extranjeros cambiaron en base al terror los aspectos esenciales de nuestra vida.

El estado de sitio que impedía reunirnos libremente, de a dos o tres personas, en lugares públicos fueron destructivos para la actividad social y cultural en ese momento histórico. Eran “naturales” las reuniones numerosas, peñas, militancia masiva, concentraciones obreras…

No se hablaba de redes, inclusión social, disgregación social o familiar, resiliencia, empoderamiento. Todos estos conceptos que hoy forman parte del discurso del poder  a través de los centros de formación y medios de difusión masiva, dan cuenta de lo devastador que fue ese proceso dictatorial.

Varias  actividades sociales ligadas a los derechos, que formaban parte de nuestra vida cotidiana se convirtieron en necesidades básicas insatisfechas.

El  vínculo fue blanco social de la represión. El ‘otro’, amigo, pareja o la suma de nuestros afectos, imprescindibles para constituirnos como personas, con una identidad ligada a la historia de éste pueblo se convirtieron en un peligro. Todo encuentro pasó a ser un hecho peligroso.

En este marco sufrimos el secuestro, la detención, la tortura, los partos en cautiverio, la apropiación hasta hoy de los recién nacidos, con la posterior desaparición también hasta hoy de sus madres, el robo y comercialización de sus bienes, las detenciones en cárceles ‘legales’…

Y toda ésta tragedia humana como un medio para instaurar esa “Reorganización” que fue, entre otras desgracias, de pasar del nosotros al cada uno, de  valorarnos a denostarnos, de pensar ¿Qué querés ser de grande ? a no querer ser grande, de la lucha por la liberación nacional y social a la internalización de la dependencia.

Y desde antes de ese golpe, se inició la lucha contra ese golpe, que no cesó hasta el fin de esa dictadura.

Luego continuaría, retomando el período democrático por la aparición con vida y castigo a los responsables.

De esa lucha que antecede a la dictadura, la atraviesa y la trasciende, y por el intento diario de superarnos como pueblo, sin olvidar que aún en democracia hubo fallos que intentaron propiciar la conmutación de penas por delitos de lesa humanidad, es que como trabajadores de la salud, vecinos y pacientes repudiamos la decisión de la Corte Suprema de otorgar el beneficio del 2×1 a un genocida como Muiña, responsable como tantos otros de un delito permanente como lo es el de lesa humanidad”.

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