San Justo: Marcha por una madre que pide la restitución de su hijo

“Mujeres sin Miedo” junto a organizaciones sociales y de DDHH, acompañaron a Valeria Saiz Moreno para exigir que le devuelvan a su hijo, quien, por orden de la jueza Petrona Martínez, del Juzgado Nº5, (Eizaguirre 2671, San Justo) se encuentra, contra su voluntad, en la casa de la abuela paterna para una “revinculación forzada”.

Las voces de las mujeres se escuchan fuerte, pero no son las únicas. Varias personas acompañaron por estas horas a Valeria Saiz Moreno en la marcha que encabeza por las calles de San Justo para pedir la restitución de su hijo de 5 años.

“Cortaron las calles con los móviles, cerraron la persianas de Juzgado y no se sabe si está la jueza o no. Ahora vamos para la Cámara de la Sala 2, que son los que tienen que resolver esto. Tienen que poner la firma y devolverme a mi hijo”, señaló la damnificada en medio de la manifestación.

Para Valeria, la injusticia tiene la cara de la jueza Petrona Martínez. Es que esta funcionaria decidió que el menor sea revinculado con la familia del padre, acusado de ejercer violencia de género contra ella y el pequeño: “Lo arrancó de su vida y lo puso con su abuela, a quien no conoce, y está claro que no quiere estar con ellos porque tuvo una crisis nerviosa cuando se lo llevaron. No se entiende lo que hizo esta jueza, la abuela ni siquiera había pedido un régimen”.

En ese sentido, la mujer se mostró preocupada por la salud de su hijo, ya que asegura que es sedado constantemente, situación que comprobaron las maestras del jardín. “Tengo videos y fotos de mi hijo prácticamente drogado. Todos están al tanto de esto, de hecho, la jueza apretó a la directora”, contó.

Pero como si esto resultara poco, Martínez también tiene una denuncia por patear a Valeria a la vista de todos. Diez personas fueron las que presenciaron ese momento y se presentaron a declarar ante la fiscalía para dar cuenta de ello.

“Esta mujer está ensañada conmigo porque hace dos años la denuncié ante la Corte. Todo el poder judicial de acá reconoce su mal accionar y quieren su destitución”, denunció mientras sigue marchando junto a su familia, allegados y colectivos que abrazaron su causa, y piden al igual que ella “restitución Sí, revinculación NO”.

El año pasado, un artículo publicado por Página 12 señalaba que “desde que se separó, en 2012, Valeria vive en una especie de cautiverio que sólo quiebra para ir a hacer alguna compra alrededor de la manzana, como mucho a dos cuadras de la casa en Lomas del Mirador. Otranto (padre del niño) un mecánico de barcos areneros que trabaja en una empresa líder en el rubro con sede en La Boca y nunca cumplió con la cuota alimentaria, está al acecho. Aparece de a pie o en algún vehículo, donde suele ir acompañado por otros individuos, como hace un par de semanas, cuando se le cruzó en una moto e intentó atropellarla en medio de gritos e insultos”.

Y contaba que “el vecindario creó una red para alertar a Valeria cada vez que lo ven. Ella subsiste a puertas cerradas, por la ayuda familiar y con algunos trabajos de costura en su casa; tampoco podría alejarse demasiado, porque su hijo vive aterrado. Presenció siempre los ataques físicos y verbales. Para él no existe lugar seguro en el mundo porque hasta hace un tiempo Otranto también ingresaba a la vivienda de noche, mientras dormían. Les pegaba a los dos o intentaba ahorcar a su madre y luego se retiraba”.

Aun así, la Justicia insistió y determinó someterlo a una revinculación.

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