Hurlingham

Hurlingham. Tenía 16 años cuando el subcomisario Buscarolo lo persiguió por haberle quitado las tazas de su auto junto a un amigo, y le disparó por la espalda pese a que estaban desarmados. Este miércoles su familia y compañeros de la secundaria Echeverría marcharán a la Plaza de Hurlingham para exigir justicia.

Por: Valeria Virginia Villanueva
villanueva.valeriavirginia@gmail.com

Otro caso de gatillo fácil en zona oeste engrosa la lista de casos de violencia institucional en la provincia: el asesinato de Iago Ávalos, de 16 años, por parte del subcomisario de la Policía Federal José Pérez Buscarolo, cuando estaba de civil, a la luz del día, en plena calle en Villa Tesei, Partido de Hurlingham.

La familia, amigos y la comunidad de la escuela secundaria Echeverría a la que asistía el adolescente exigen justicia para que no quede impune. Este miércoles desde las 18hs harán una movilización desde Avenida Vergara y Jauretche hasta la Plaza de Hurlingham bajo la consigna #NiUnPibeMenos, junto a organizaciones sociales y culturales que denuncian el accionar policial.

Por qué el caso es de gatillo fácil

El viernes 12 de mayo al mediodía, Iago, que trabajaba como mecánico, acompañó a un amigo Nicolás a Villa Tesei en su auto a hacer unas compras, según contó su familia. En esa localidad, le quitaron dos tazas de las ruedas a un Renault Logan estacionado frente a una casa. Fue a las risas, casi jugando a hacer una travesura. Ni siquiera estaban armados, acorde revelaron los resultados de las pericias.

Sin embargo, el vehículo pertenecía al subcomisario Buscarolo, quien vio el hurto desde el interior de su vivienda y salió a perseguirlos hasta 20 cuadras a los gritos. Y a los tiros, porque él sí contaba con un arma: la reglamentaria, que recibe en nombre de la protección de la seguridad ciudadana, junto con el derecho a usar la violencia según le dicte su instrucción policial y su conciencia.

La persecución culminó cuando el amigo de Iago para y le devuelve las tazas al efectivo, sin saber que pertenece a la PFA porque estaba de civil, y sin haber siquiera escuchado los disparos de los nervios. Pero se dio cuenta por los impactos en la luneta de su coche y por Iago, que no podía casi hablar, apenas para pedirle al agresor que lo lleve a un hospital porque se moría. Pero el policía se negó.

Iago falleció a los pocos minutos desangrado, fusilado por la espalda, en un acto cobarde, y sin oportunidad de contarlo, de defenderse como sí lo tiene ahora el subcomisario, que continúa detenido bajo el cargo de “homicidio agravado por su condición de miembro de una fuerza de seguridad y uso de arma de fuego”, que prevé prisión perpetua.

Así comenzó el calvario para el entorno de Iago: a su amigo Nicolás lo detuvieron 12 horas y lo sometieron a interrogatorios y tormentos; sus compañeritos de escuela no tienen respuestas para tanto dolor ante el vacío; a su familia le entregaron el cuerpo para velarlo 3 días después del hecho y ahora continuarán las autopsias en el marco de la investigación del crimen.

Cargando con todo este dolor, el reclamo, una vez más, es el de que se haga Justicia, que no quede impune el asesinato de un menor del conurbano en manos de una fuerza de seguridad.

 

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