Del 24 al 27 de mayo, 90 galerías de 20 países expondran obras de artistas nacionales e internacionales como Antonio Berni, Fernando Botero, Marta Minujín, Ana Gallardo, Diego Bianchi, Matías Duville, Guillermo Kuitca y Jorge Macchi, entre otros.

Un adelanto
La 26° edición de la feria arteBA abre sus puertas a todo público mañana en el predio ferial de La Rural, con la presencia de 90 galerías de 20 países que ofrecen un recorrido que se expande fusionando artistas locales y extranjeros de distintas trayectorias y generaciones, y donde destacan los nombres de Antonio Berni, Fernando Botero, Marta Minujín, Ana Gallardo, Diego Bianchi, Matías Duville, Guillermo Kuitca y Jorge Macchi, entre otros.
“Este año se van a encontrar muchas piezas históricas de maestros del arte contemporáneo”, dijo Ana María Battistozzi, integrante del comité de selección de la sección principal, durante una conferencia de prensa brindada esta mañana con los curadores de todas las secciones que marcó, de alguna manera, el inicio informal de la feria que inaugura esta tarde con el tradicional corte de cintas.

Una recorrida por la feria lo confirma al encontrarse con los grabados del rosarino Antonio Berni, que fueron premiados en la Bienal de Venecia en 1962, exhibidas en la galería Sur; o con “El hombre que camina” del colombiano Fernando Botero, imponente escultura de casi tres metros de alto que no pasa inadvertida en la galería Daniel Maman Fine Arts. O los inmensos acrílicos tallados, transparentes y coloridos, de Rogelio Polesello, en la galería María Calcaterra.

Como cada año, abordajes, temáticas y disciplinas de lo más variadas conviven durante cuatro días en la feria, el lugar del arte por excelencia sin un orden instaurado, sin tema definido ni tampoco un único curador, sino más bien obras yuxtapuestas sin excesivas preocupaciones temáticas, más que las que hacen a la lógica de una feria.

“Esta es la edición de la performance”, dice a Télam un entusiasta Alec Oxenford, presidente de la Fundación arteBA, durante una recorrida por los stands. Y no se equivoca: la artista Nicola Constantino presenta muy cerca de allí “El jardín de las delicias”, una performance gourmet en la que convida con alimentos a quienes recorren la feria, en el stand del Ministerio de Cultura de la Nación. La heladera, vale aclarar, no es una obra de arte ni tampoco está a la venta… es donde Nicola conserva los ingredientes para su performance.

Más temprano, en el Barrio Joven, el artista performer La chola bailó sobre una caja llena de papas fritas de bolsa, en la galería mendocina La Imagen: “Una manera de bailar sobre el capitalismo, que es la papa frita de bolsa, pero también una forma de reivindicación de la papa, que es el símbolo del imperio inca”, contaron a Télam los galeristas.

En U-turn Project Rooms se destaca la performance del artista danés Christian Falsnaes, donde el público se convierte en espontáneo protagonista: la consigna es colocarse los auriculares inalámbricos, subirse a una tarima y seguir las instrucciones, tal como indican los carteles. De este modo, se puede ver a las personas, de manera teatral, paseando sobre la tarima, agacharse, mirar hacia el suelo, hacer reverencias con los brazos o gritar tres veces seguidas “Sí”.

También podría pensarse como una performance lo que se está organizado en el espacio Dixit, que este año se titula de manera onomatopéyica “rro” y que ofrecerá mañana, en una ocasional tarima, un desfile de remeras realizadas en Villa Fiorito, que desfilarán los habitantes de esa localidad, una iniciativa de la galería Belleza y Felicidad que sucederá mañana a las 19.30 y el 26 de mayo a a las 18.

Dixit es el espacio que este año, por primera vez, ofrece acciones fuera de la feria y así lo explica el curador Javier Villa: “Sentimos que era el momento de salir de la burbuja artística, y arteBA lo es en algún sentido. Es un momento en que la presencia del cuerpo en la vía pública es fuerte, no sólo acá sino en todo el mundo”, señala.

En el Barrio Joven, donde suelen encontrarse los proyectos más audaces y experimentales, también “se destaca una tendencia a lo performático y lo sonoro”, dijo Miguel López, uno de los curadores del espacio, y agregó: “Allí hay una dimensión de riesgo”. En este sector, los precios de venta oscilan entre los 85 dólares y los 3.000.

También se destaca la presencia de la galería El Gran Vidrio de Córdoba, donde se pueden encontrar los proyectos de José Quinteros, que trabaja una serie de piezas alrededor de una investigación sobre la cicuta: “La referencia histórica de este proyecto es a Sócrates, hasta qué punto uno defiende su verdad”, cuenta a Télam. “Una persona, ante una botella de veneno, está ante un momento de poder sobre sí mismo”, agrega.

Por su parte, El Pelele es el nombre elegido por el artista cordobés que comparte stand junto a Quinteros, “un artista personaje”, según se presenta él mismo a Télam, cabeza rapada, labios pintados de morado, bigotes, gafas de sol, tapado de piel. “Una ficción traída al plano real”, propone, y señala que planea realizar una performance, como un ritual, “pensando en el desplazamiento de almas”, cuenta a Télam.

Tampoco pasan inadvertidas las pinturas de nítidos colores de Juan José Cambre, en la galería Vasari, tonalidades que se hermanan con las elegidas en las obras de Beto de Volder. Ni las piezas diminutas de Liliana Porter en Ruth Benzacar; un video con la performance del uruguayo Martín Sastre en el balcón de la Casa Rosada, en la misma galería; las pinturas realizadas con hilo de colores del colectivo Mondongo; los sombreros de mimbre gigantes de Ariel Cusnir, realizados en Tigre, en la galería Pasto; las esculturas blancas e impolutas de la boliviana Elba Bairón.

Los colchones de Guillermo Kuitca en Maman terminan de completar una oferta ecléctica y abarcativa, que el público podrá descubrir y disfrutar hasta el próximo sábado en esta nueva edición de arteBA.

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