Nada
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Chris Priestley, ilustrador y escritor británico de libros de terror para niños, repasó su obra y profundizó en un género no muy concurrido a la hora de escribir para los más pequeños, capaz de avanzar sobre algunos de los tabúes más sombríos de la contemporaneidad, como la muerte y la venganza en la infancia.

De visita en el país por iniciativa del British Counncil, Priesley asegura a Télam que “nada de lo que escriba puede ser más horroroso que lo que muestra un noticiero”.

La colección Amarilla de editorial Norma publicó “Cuentos de terror de mi tío”, “Cuentos de terror de la boca del túnel” y “Cuentos de terror del barco negro”; en tanto que la novela “Lo más cruel del invierno” cuenta con una edición ordinaria y otra de lujo de la misma editorial.

En esa última novela el protagonista viaja a Buenos Aires: “Me pareció que era un lugar adonde alguien podría escapar para empezar de nuevo”, dice a Télam el escritor nacido hace 59 años en Hull (Inglaterra).

Dibujante y amante de la obra de Jorge Luis Borges, Priestley realizó ilustraciones en diarios como The Independent y The Guardian y cuenta que dibujó a “muchas de las bestias de ‘El libro de los seres imaginarios’, del escritor argentino.

Su obra -inspirada en clásicos como Edgar Allan Poe y Ray Bradbury- fue distinguida con los premios Lancashire Fantastic Book, Dracula Society Children of the Night, Vlag & Wimpel y St. Helens:
“Un día hace mucho tiempo, antes de que mi esposa fuera mi esposa, recuerdo que estábamos ascendiendo un camino con una vista increíble y que a la altura del mirador pareció cortarse en forma abrupta, dar al vacío. Era una ilusión, pero mi mujer entró en pánico y saltó del auto en el que íbamos. Eso es el terror para mí”, define.

-Télam: Sus historias hablan de niños suicidas, maltratados o en situaciones de fragilidad extrema, como los que descubren que están muertos una vez que pasa la tormenta… ¿Por qué cree que logra tan buena recepción con tramas que tocan los tabúes más oscuros de la sociedad actual?
-Christ Priestley: Nunca pienso si algo es políticamente incorrecto, sólo escribo. Otros autores estarán pensando en que haya diversidad de género entre los personajes, pero yo no. Me parece que tanto el rechazo como la aceptación de estos cuentos tiene que ver con que el mal existe y con que siempre estará ahí, llamándonos la atención, pidiendo que lo contemos. Cuando invento historias para niños, las pienso para una versión más joven de mí mismo, con el deseo de que sean interesantes, divertidas; lo peor que puede pasarme es que no generen verdadero horror.
-T: ¿Cómo lee el terror un niño y cuál considera es la principal diferencia con un adulto?
-CP: La primera persona que lee mis cuentos una vez terminados es mi esposa, tengo una gran confianza en ella; la misma que me dijo nadie querría publicar los “Cuentos de terror del barco negro” (2011) porque en esos textos los niños se morían, pero fue un libro muy bien recibido. A los niños no les importa, los adultos son los que tienen problemas. Una vez un maestro de escuela me invitó a hablar con su clase porque a los alumnos les había encantado ese libro, pero el director canceló la visita porque la trama lo inquietó, pero nada de lo que yo escriba puede ser más horroroso que lo que puedan ver esos chicos en un noticiero.
-T: ¿Cree que plataformas digitales como Youtube o Instagram sirven para promover la lectura?
-CP: Conozco las plataformas y entiendo por qué se volvieron populares: son una forma barata de promoción para las editoriales, pero no sé cuánta gente puede estar leyendo gracias a ellas. Sí creo importante promocionar la lectura por cualquier medio siempre, más allá de la franja young-adult que es la que ahora más vende. Tampoco entiendo cómo lectores de 30 años siguen leyendo historias de protagonistas que tienen 15, por eso digo que es importante promocionar también la lectura para adultos.
-T: ¿Cuándo escribió su primera historia de horror y por qué?
-CP: Me preparaba para ser un ilustrador, viajaba mucho en tren y en esos viajes dibujaba historias que eran de terror y que pensaba para adultos, pero que finalmente se publicaron para niños de nueve a 12 años. En Reino Unido siempre me piden que mis protagonistas ronden la edad del público al que están dirigidos los textos y no entiendo por qué. Cuando yo era niño me gustaba encontrar personajes mayores, quería saber hacia dónde iba, no adónde estoy. ¿Por qué una escuela debe se visitada por un autor de literatura para adolescentes y no un escritor que diga: ‘Bueno, en esto se interesarán en breve’?
-T: ¿Cómo nació su conexión con el género?
-CP: Viene de las cosas que fui leyendo mientras crecía. De chico, mucha ciencia ficción, cuentos clásicos como los de los hermanos Grimm y mitos griegos, una literatura donde había mucho terror. De adolescente, como no había libros para nuestra edad, leíamos libros para niños y pasábamos directamente a los de adultos. Pero lo que sí había era mucha televisión con contenidos de terror y yo miraba mucho. En Inglaterra hay una tradición muy vasta de historias de fantasmas. En los años ’70 la BBC hacía un especial de terror cada navidad basado en las historias de MR James, un escritor especializado en ficción fantasmal al que me aficioné y que estudió en Cambridge, adonde ahora trabajo, lo cual me parece exquisitamente extraño.
-T: Montague Rhodes James (1862-1936) es una influencia reconocida en su obra. ¿También Roald Dahl (1916-1990), autor de “Matilda”?
-CP: Lo de Dahl es raro. Cuando lo leía de adolescente lo pensaba como literatura para adultos pero mi hijo lo leyó de niño como un autor para niños; y cuando comencé la universidad uno de mis primeros trabajos consistió en ilustrar una historia suya donde el protagonista perdía los dedos de sus manos a medida que perdía apuestas. Hubo una serie de TV sobre hechos inesperados que Dahl presentaba y con eso me quedé, me encantaba que hubiera alguien narrando, como si fuera un abuelo contando un cuento.
-T: ¿Ahí lo más popular de la literatura, rescatada en sus cuentos?
-CP: Claro, MR James reunía a sus alumnos, les contaba historias y eran tan buenas que le pedían que las escribiera; y cuando yo escribo lo hago pesando en cómo van a sonar esas historias en voz alta. Eso es lo que me interesa de la literatura de horror: cuando el hombre comenzó a contar historias, en cuevas alrededor del fuego, deben haber sido de terror o de risa.
-T: ¿De dónde cree que nace la necesidad de narrar el horror y el miedo?
-CP: Es complicado porque de horror está lleno el mundo, está ahí afuera. Pero me parece que, básicamente, en las historias que cada uno escribe hay un deseo de entender el comportamiento humano. Uno quiere saber por qué alguien es cruel, valiente o malicioso, comprender por qué existen los terrores conocidos y los miedos inciertos.

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