Charla literaria

Charla literaria. El reconocido escritor Juan Diego Incardona, que hizo de La Matanza su propio universo literario, pasó por la Feria Educativa 2017. “Tuve la suerte de ser invitado a muchos lugares. Pero visitar la Universidad, para mí, tiene un sabor distinto”, valoró.

Entrevista abierta

El pasado viernes, entre una gran cantidad de jóvenes que se acercaron hasta la Universidad para conocer las propuestas académicas y recorrer los pasillos que, seguramente, los albergará durante los próximos años, el escritor Juan Diego Incardona llegó para conversar con ellos en una entrevista abierta.

Alguna vez se dijo que el escritor no es lo mismo que los personajes. Pero los personajes son el escritor. Es que ese mundo, formado por experiencias propias (y también algunas ajenas y prestadas), conforma la maqueta del edificio que cada artista compone. Juan Diego Incardona lo sabe. Por eso, hizo, de ese procedimiento literario, un estilo propio.

Durante la charla, realizó un breve repaso de su obra. Recordó Objetos Maravillosos (publicado en 2007), Villa Celina (publicado en 2008), El Campito (2009), Rock barrial (publicado en 2010), Amor bajo cero (publicado en 2013) y Melancolía I (publicado en 2015), entre otros textos.

Vivencias y anécdotas

Para Incardona, los hechos más trascendentales pueden contarse desde una historia mínima. Muchos de sus textos están pensados en esa clave. Es el caso de “La Culebrilla”, uno de los cuentos que compone Villa Celina. En aquel texto, narra un episodio en el que, siendo un niño, una picazón lo invadió y lo llevó a visitar, con su familia, a una curandera.

Hasta ahí, bien podría ser un recuerdo bien contado. Sin embargo, en su recorrido, el chico y sus padres descubren que caminan sobre un proyecto de ciudad peronista (que sí pudo materializarse en Ciudad Evita) y que no fue. Esta segunda historia, puede decirse, es sugerida desde el orden de lo simbólico. “En la literatura, no hay que buscar al diez, sino al tres de Banfield. Esa es la figurita difícil”, dijo el autor, entre risas, durante su paso por la UNLaM.

Además contó que, en los últimos años, muchos alumnos de distintas carreras utilizaron los textos de su obra como objetos de estudio en sus tesis. “Usaron a gente como Foucault para explicar cómo nos juntábamos en la esquina del barrio con mis amigos”, recordó.

Antes de abandonar el Patio de las Américas, que fue el escenario de la Feria Educativa, el autor de Estrellas Federales leyó el cuento “El hijo de la maestra”: “Es un texto que escribí a partir de dos situaciones en las que zafé de cobrar por ser el hijo de mi vieja, Celina, que era maestra en Villa Celina”. “Enseñó en tres escuelas, las 137, 138 y 139. La numeración es típica del Conurbano, como los bondis”, bromeó Juan Diego Incardona, el hijo de Celina.

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