Mensaje de Mons. Eduardo García durante la Misa por las víctimas del Narcotráfico y las drogas

Mensaje de Mons. Eduardo García durante la Misa por las víctimas del Narcotráfico y las drogas

Compartimos el mensaje de Mons. Eduardo García durante la Misa por las víctimas del Narcotráfico y las drogas que se realizó en la Catedral de los Santos Justo y Pastor.

Así que no les tengan miedo, porque nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse. “Lo que les digo en la oscuridad, háblenlo en la luz; y lo que oyen al oído, proclámenlo desde las azoteas. “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno. “¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo el Padre. “Y hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. “Así que no teman; ustedes valen más que muchos pajarillos.

“Por tanto, todo el que Me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de Mi Padre que está en los cielos.”Pero cualquiera que Me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de Mi Padre que está en los cielos.

Mateo 10,28

 

No teman a los que matan el cuerpo hoy nos dice Jesús.

Por Mons. Eduardo García
Obispo de San Justo

En el marco de la celebración de esta misa en la que pedimos por las víctimas del narcotráfico, las palabras de Jesús pueden sonar a resignación pasiva y a un providencialismo desencarnado.

Rezamos piadosamente por los que murieron y seguimos rezando el mes que viene, el año que viene y siempre con un, “que vamos a hacer, que Dios lo reciba y se apiade de él”.

Sin embargo Jesús fue más fuerte y más agudo, y lejos de presentarnos una actitud conformista está invitando proféticamente y de un modo valiente y confiado a mirar más allá de las consecuencias, a ir a fondo a develar las raíces, a descubrir y reconocer los responsables: ir a la raíz del mal que mata al hombre y no conformarnos con un resignado responso esperando que llegue el próximo.

Rezamos y ponemos en manos de Dios y en el eco de nuestra voz en este día lo que vemos y oímos en el andar cotidiano con gente de nuestro pueblo: la droga, las adicciones, la violencia, el miedo han tomado nuestros barrios, son los que mandan y gobiernan nuestras barriadas.

Se está de ese lado o se vive con el miedo y la incertidumbre que paralizan.

Aunque miremos para otro lado la droga avanza día a día, las víctimas son cada vez más, el negocio del narcotráfico crece y se expande como una red de muerte.

Aunque anida en nuestros barrios más vulnerables: el narcotráfico no es de los pobres en primer lugar. Los principales beneficiados de este negocio no viven en casas de cartón, aunque en nuestros barrios marginales es donde se desata el drama de una manera evidente. No mueren semanalmente los grandes jerarcas de la droga, mueren los pichis que llevan y traen, mueren los que denuncian, los botones, mueren los que no se quieren prender y son una amenaza, mueren los que se quedaron con un vueltito, mueren los pavotes de otros barrios que fueron comprar para una previa y se quedaron sin droga, sin celular, sin zapatillas y sin vida, mueren los que a fuerza de pasta base quedaron fuera del sistema y de toda utilidad negociable.

El papa marca que existe una gran tentación frente al problema: “la resignación”, que “nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino”

Calificó la resignación como “una de las armas preferidas del demonio” y dijo que caer en ella “nos frena para arriesgar y transformar”.

Resignarnos es mirar para otro lado como si nada pasara, es hacer como el avestruz y meter la cabeza en el hoyo, resignarnos es empezar a ser cómplices silenciosos, pero cómplices al fin.

Se habla de flagelo como si hubiera nacido de la nada y no tuviera nombres y apellido concretos. Flagelo, como si fuera una epidemia que hay que agacharse para esperar que pase y que todo vuelva a ser igual que antes.

Pero por más que lo intentemos y adjetivemos evasivamente no podemos seguir mirando para otro lado porque cada vez nos roza más cerca e hiere más profundamente las raíces de una sociedad haciéndose cultura.

No podemos resignarnos a que la droga eduque porque es el libro que leen nuestros chicos desde chiquitos, no podemos resignarnos a que la droga sea la fuente de trabajo organizada de nuestros barrios más pobres, no podemos resignarnos a que la droga sea el pan desde el que se alimentan nuestra familias en un camino de ida, no podemos resignarnos a que la droga sea la que imparta la justicia poniendo a unos de un lado y a otros del otro, no podemos resignarnos a que la droga sea el sustituto de la alegría y de la falta de esperanza de nuestros jóvenes, no podemos resignarnos a que las futuras generaciones no tengan más aspiraciones que la “coca y otras yerbas”, no podemos resignarnos  a que la política sea deudora del narcotráfico y las fuerzas de seguridad sus empleados.

No podemos seguir jugando a la democracia gastando 2800 millones en un ajedrez político o formula 1 de egos y ambición de poder que nos distrae de la realidad donde la muerte va cobrando cada vez más vidas.

Ciertamente crece la esperanza aunque sea pequeña en la convicción y el esfuerzo de muchos que trabajan en la prevención y el tratamiento de las adicciones. Aumentan las iniciativas, desde los distintos niveles, que intentan dar respuesta a este dolor. Aunque parezca una aspirineta para un cáncer es una lucha que nos compromete a cada uno de nosotros desde su propio lugar a asumir nuestras responsabilidades y hacernos cargo para responder articuladamente y como sociedad a un problema complejo.

Hay un grito que no podemos dejar de escuchar, el grito que brota de las familias que sufren como víctimas de las adicciones. Sepan que estamos con ustedes. Su  dolor nos desafía a seguir buscando juntos, cuerpo a cuerpo, los caminos que abran horizontes de esperanza.

Que el señor nos regale misericordia para cuidar y acompañar toda vida, especialmente la de los más pequeños y humildes; inteligencia sabia para reconocer por donde se filtra el enemigo y valentía para la denuncia y la lucha contra los mercaderes de la muerte.

 

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