El funcionamiento de la Dirección Nacional del Derecho de Autor es deplorable. Durante la gestión iniciada en diciembre de 2015 ha entrado en una debacle de ineficiencia que puede dar por tierra con el prestigio y la funcionalidad que durante años la caracterizó.

Por Jorge Padula Perkins
DNI 10389733

Carta de Lectores
Carta de Lectores

Bajo el populista slogan “Protegemos tu creación” (para difundir el cual gastan dineros de los contribuyentes) intentan implementar una supuesta modernización rayana con la demencia.

Baste el ejemplo del registro de obras musicales inéditas a distancia. Requiere que los usuarios cuenten con clave fiscal nivel 2 (algo que no todos y menos los bohemios poetas y compositores tienen). Ingresar en el sistema a través de AFIP (organismo ajeno al derecho de autor). Cargar los datos personales del autor (no una vez que lo deje como predeterminado sino en para cada obra a declarar). Subir archivo con número de CUIT-CUIL (por cada trabajo a registrar). Pagar mediante depósito o giro en una cuenta del Banco Provincia (lo cual implica en el primero de los casos una considerable espera y trabajo extra para el cajero que debe cobrar 25 pesos tantas veces como obras se vayan a registrar). Escanear y mandar el ticket por cada obra a registrar.

Lejos de haber terminado el trámite, se deben llevar personalmente o enviar por correo postal las obras dentro de sobres cerrados.

Pero finalmente, cuando el usuario va a llevar ese sobre y estima que terminará el trámite, le imprimen tres hojas que no sirven para nada y le dicen que vaya a buscar el resultado ¡A la página de trámites a distancia!, de donde deberá descargar e imprimir otras tres páginas por cada obra ¡y recién entonces podrá concurrir a SADAIC para presentar el boletín de declaración! (ya que en él debe ir anotado alguno de los números que aparecen sin clara identificación en el documento final).

De este modo, lejos de proteger la creación, como se regodean en el slogan, empujan a los autores y compositores a la marginalidad del sistema. Un sistema pensado para la industria musical, pero no para los artistas que en el día a día se esfuerzan por poner su creatividad en post de las creaciones musicales.

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